lunes, 1 de diciembre de 2025

Karl Amadeus Hartmann (1905 - 1963)


Categorías a las que pertenece: Glorias olvidadas.

La Gloria: Muchos consideran a Hartmann el más grande compositor alemán de la generación posterior a la de Hindemith y anterior a la de Henze y el más grande sinfonista alemán del siglo XX.

Nació en Múnich, el más joven de cuatro hermanos. Su padre era un pintor, sus tres hermanos se convirtieron en pintores y él mismo pudo haberse convertido en pintor también, pero empezó a componer después de ver la ópera Der Freischütz de Weber. Fue muy afectado por su participación en los eventos de la fallida Revolución Obrera en Baviera que siguió al colapso del imperio alemán al final de la Primera Guerra Mundial y toda su vida sería un socialista idealista.

En la Academia de Múnich en la década de 1920, Hartmann estudió con Joseph Haas, un discípulo de Max Reger, y después estímulo y ánimo intelectuales del director Hermann Scherchen, un aliado de la Segunda Escuela de Viena, con quien tuvo una relación mentor-protegido de toda la vida. Durante la Segunda Guerra Mundial, y a pesar de ser ya un compositor bastante experimentado, estudió un curso en privado con Anton Webern, con quien a menudo entraba en conflicto a nivel personal y político, pero, no obstante, sintió que se benefició del perfeccionismo de Webern.

Escribió óperas, música orquestal, de cámara, instrumental, vocal y coral. Su estilo musical empezó como una mezcla entre el romanticismo tardío de Reger, Bruckner y Mahler, el jazz e influencias extramusicales como la Nueva Objetividad y las pinturas dadaísta, futurista y expresionista. A esto eventualmente añadió influencias del neoclasicismo de Igor Stravinski y Paul Hindemith, de Béla Bartók y Zoltán Kodály (con quienes estableció una relación cercana en la década de 1930), del dodecafonismo de Schönberg en la década de 1940 (aunque esta siempre sería una influencia menor comparada con otras) y, en la década de 1950, de las técnicas métricas de Boris Blacher y Elliott Carter. Sus obras podían ser satíricas y/o comprometidas políticamente.

Con el ascenso de los Nazis, voluntariamente se retiró por completo de la vida musical en Alemania y se negó a que sus obras fuesen publicadas y representadas, lo que ha llegado a ser conocido como “exilio interior”. De hecho, fue el único compositor importante que adoptó una postura de disidencia activa al mismo tiempo que permanecía en el país. Fue condenado por el régimen, pero ganó fama a nivel internacional. También, durante un tiempo, se escondió y escondió sus partituras.

¿Qué salió mal?: Aunque a otros les ha ido considerablemente peor, Hartmann no es grabado ni representado con la frecuencia que se merece. La situación es un poco mejor en Alemania que a nivel internacional.

Tras la Segunda Guerra Mundial, debido a que fue uno de los pocos antifascistas que sobrevivieron y a que nunca colaboró ni llegó a compromisos con el régimen Nazi[1], fue una de las pocas personas en las que los Aliados confiaron para otorgarles una posición de responsabilidad, por lo cual se convirtió en una figura vital para reconstruir la vida cultural de Alemania occidental. Quizá su logro más notable fue la serie de conciertos “Musica Viva”, que fundó y organizó durante el resto de su vida en Múnich. Comenzaron en noviembre de 1945 y reintrodujeron el repertorio del siglo XX al público alemán, el cual había sido prohibido en 1933 por los Nazis. Hartmann también proveyó una plataforma para la música de compositores jóvenes de finales de la década de 1940 y principios de la década de 1950 y ayudó a establecer figuras tales como Hans Werner Henze, Luigi Nono, Luigi Dallapiccola, Carl Orff, Iannis Xenakis, Olivier Messiaen, Luciano Berio, Bernd Alois Zimmermann y muchos otros. Hartmann también involucró a escultores y artistas tales como Jean Cocteau, Le Corbusier y Joan Miró en exhibiciones de “Musica Viva”.

A pesar de la importancia de esto, dichos deberes administrativos absorbieron tanto de su tiempo y energía que no le quedaba mucho para la composición y dejó muchas piezas inacabadas a su muerte. Hartmann era un compositor muy autocrítico y perfeccionista y, durante esta época, suprimió muchas de sus obras anteriores al final de la Segunda Guerra Mundial, a veces sólo retirándolas de la circulación, a veces destruyéndolas y reciclando por lo menos parte de su material en nuevas piezas, a veces revisándolas para actualizar sus mensajes políticos cuando estos quedaban anticuados. Todo esto da como resultado un catálogo reducido, lo que tampoco ayuda.

Tras su prematura muerte debido a un cáncer de estómago, muy pocos directores importantes de Alemania occidental promovieron su música. Scherchen, su defensor más notable, murió en 1966. Se especula que esto se debe a que muchos de esos directores (como Herbert von Karajan y Karl Böhm), en diversos grados, tuvieron conexiones con los Nazis, por lo cual veían a Hartmann y a su música con contenidos políticos de izquierdas como un anatema. Entre los directores que sí interpretaron con regularidad la música de Hartmann se encuentran Rafael Kubelik, Ferenc Fricsay, Ferdinand Leitner, y más recientemente, Ingo Metzmacher, Leon Botstein y Mariss Jansons.

Por último, murió precisamente en el momento en el que la generación de Boulez, Stockhausen y Berio alcanzó su madurez y, con su rechazo violento de cualquier cosa conectada con el pasado, lo dejó eclipsado.

¿Cómo puedo empezar a conocer su música?: Su obra más interpretada y grabada es su Concerto funebre (1939, revisado en 1959) para violín y orquesta de cuerdas…


Pero su aportación más importante son sus ocho sinfonías:









Notas:

[1] Vale la pena señalar que Hartmann sólo pudo lograr esto porque su esposa venía de una familia adinerada, la cual lo apoyó durante esos años.

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