La Gloria: Lo que más me sorprende es que con un nombre como “David Diamond” no sea un artista de R&B.
Este neoclasicista estadounidense es considerado uno de los más grandes compositores en la historia de su país.
Fascinado por el violín desde una edad muy temprana, ideó su propio método de composición para el instrumento incluso antes de aprender a leer música. Estudió en el Instituto de Música de Cleveland, en la Escuela de Música Eastman composición con Bernard Rogers y violín con Effie Knauss y también recibió lecciones con Rogers Sessions y Paul Boepple en la ciudad de Nueva York (en esa época llegó hasta a trapear pisos para poder mantenerse; sólo uno de los muchos empleos mundanos que desempeñó antes de triunfar como compositor) y con Nadia Boulanger en París. En sus viajes a París conoció a Darius Milhaud, Albert Roussel, Maurice Ravel (su héroe musical), André Gide e Igor Stravinski.
Fue un compositor tremendamente prolífico de música para los escenarios (una ópera que, hasta donde sé, aún no ha sido estrenada, ballets y música incidental), orquestal, de cámara, instrumental, coral y vocal. También fue profesor en Juilliard.
¿Qué salió mal?: Disfrutó de un enorme éxito en la década de 1940 y a principios de la década de 1950, fue promovido por nombres como Koussevitzky, Bernstein, Munch, Ormandy y Mitropoulos y fue muy amado por los críticos, pero empezó a quedar en la sombra con el ascenso de los serialismos y las vanguardias musicales de la segunda mitad del siglo XX. Aunque también hay que tener en cuenta que su carrera fue afectada por su personalidad difícil (sus pleitos con los directores llegaban hasta a la violencia física), que, en tiempos del macartismo, huyó a Florencia y, salvo breves visitas, no regresó a Estados Unidos durante 14 años, algo que no hay dudas de que también afectó su carrera, y que, según él, fue víctima de discriminación por ser judío y abiertamente homosexual.
El suyo no es un caso aislado pues todos los compositores de su generación (que incluye nombres como Howard Hanson, Roy Harris, William Schuman, Walter Piston y Peter Mennin) son considerados una “generación olvidada” de la música estadounidense.
¿Cómo puedo empezar a conocer su música?: Con su Psalm (1936)…
…su Rounds (1944) para orquesta de cuerdas:
…y su Kaddish (1987) para violonchelo y orquesta:
Si les gustan, pueden continuar con cualquiera de sus once sinfonías (que hicieron que Schömberg proclamara que era “el nuevo Bruckner”), cualquiera de sus diez cuartetos de cuerdas y/o cualquiera de sus numerosas canciones para voz y piano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario